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Mujeres luchan a favor del cambio climático

Escrito por  el 
16 marzo, 2011

    Con mucho éxito, en el Día Internacional de la Mujer los movimientos de las mujeres han ido incorporando las demandas de género dentro de las lógicas de desarrollo equitativo y a favor del ambiente.

    El cambio climático es la consecuencia de convertir todo en dinero y de convertir los bienes naturales en «recursos naturales» para la obtención de ganancia. Este cambio supera a las flexibilidades institucionales y las intervenciones políticas con las cuales el capitalismo ha ido resolviendo constantemente sus problemas inherentes de sobreacumulación e incapacidad de invertir sus excedentes, las presiones salariales de los sindicatos, las demandas del campesinado y otras clases no insertas directamente y de manera nítida en la confrontación entre el trabajo y el capital.

    Son las mujeres, especialmente, las mujeres indígenas y las mujeres campesinas, sufren más los inicios de la enorme crisis planetaria que se avecina. OXFAM y otras instancias internacionales van documentando los impactos del cambio climático a través de un análisis de todas las otras exclusiones destinadas a las mujeres desde el mercado capitalista. En ese «tema de moda» documentan las demandas de los movimientos de mujeres sobre nuevas leyes y programas de Desarrollo Rural Integral en Guatemala, Honduras y otros países. No obstante, aun las mejoras políticas de «desarrollo equitativo con sensibilidad de género» no representan más que un pequeño alivio para los estragos que vienen por el hecho de que el capitalismo ha denegado sistemáticamente los derechos de la naturaleza.

    Honduras y Nicaragua son clasificados números 3 y 5 en el riesgo conjunto del cambio climático. Guatemala tiene la triste clasificación a nivel mundial de número 2 en las pérdidas del PIB ante el Cambio Climático. El capitalismo intentará ajustar estas pérdidas cobrando siempre sus altas cuotas a las mujeres y las comunidades indígenas en el campo. El reloj cuenta contra la barbarie de capitalismo frente a la naturaleza de manera inclaudicable. También cada vez más los movimientos de mujeres rechazan su papel de limpiadoras de la ropa sucia y de la casa desordenada del capitalismo. El reto frente al cambio climático no es la equidad de los costos sino ajustar nuestro planeta a las justas demandas de la naturaleza.

    En Guatemala, las organizaciones de mujeres han iniciado ese proceso de muchas formas, pero en ninguna con el alcance del movimiento para el ejercicio de los derechos colectivos sobre los territorios de las comunidades rurales ante las amenazas de las compañías trasnacionales extractivas y sus mega-proyectos de minerías, hidroeléctricas, transmisión energética, canal tecnológico y la producción de biocombustibles. En las luchas de las comunidades contra la extracción despiadada de la naturaleza por esas empresas, las mujeres han jugado un papel protagónico como hicieron las mujeres de la Comunidad de Flores en impedir la salida de su comunidad de técnicos de la empresa Hidroeléctrica «Las Tres Niñas», hasta que el alcalde firmara un documento contra las actividades de la empresa en su municipio. Como las mujeres que reiniciaron la guerra civil en 1978 con la toma del municipio de Nebaj, las mujeres en centenares de comunidades están animando una nueva guerra para salvar el planeta.

    El planteamiento de autonomía comunitaria, el respeto a la naturaleza y el ejercicio de derechos colectivos basado en la participación de la mujer y la juventud, en mi opinión, encierra semillas cruciales para cualquier planteamiento de Género y Naturaleza para una alternativa al desastre de cambio climático capitalista que nos amenaza. Mucho se comenta que hoy 8 de marzo recordamos la histórica reunión de mujeres en el Hotel Congreso de Chicago para empezar el movimiento por el derecho de la mujer al voto en el sistema capitalista. Hoy empezamos a sentir el voto de las mujeres y sus comunidades para detener el despojo de la naturaleza, por el derecho no de su incorporación en el capitalismo extractivo, sino de su autonomía de ese sistema y el cambio climático incontrolable que ha producido.

    Guatemala, 8 de marzo del 2011.

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