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Niños víctimas en el Huila, ¿actores invisibles?

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23 Septiembre, 2014
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A pesar del subregistro que existe y que denota el estudio, el desplazamiento y el trabajo infantil, algunas de las problemáticas más prevalentes.

Un estudio reciente realizado en el Huila, para conocer la situación de los derechos de niños, adolescentes y jóvenes que han vivido actos relacionados con el conflicto armado, deja varias preocupaciones. La investigación hecha por la corporación jurídica Humanidad Vigente resalta la invisibilidad de los afectados y la falta de una política pública para prevenir, blindar y reparar a los menores víctimas, como algunos de los interrogantes mayores.

Los resultados de la investigación, que se llevó a cabo durante el último año y medio en el Huila, fueron revelados por la abogada y defensora de Derechos Humanos, Olga Silva, directora de la corporación jurídica Humanidad Vigente. La ONG desde hace 18 años trabaja en la defensa y promoción de los Derechos Humanos, enfatizando en los niños y jóvenes que viven en medio del conflicto armado en Colombia.

“El informe recoge los resultados de un trabajo de investigación relacionado con la situación de los derechos de niños, niñas, adolescentes y jóvenes que han vivido actos relacionados con el conflicto armado en el Huila. Destacamos que los menores que han tenido un hecho victimizante relacionado con el conflicto armado aún están invisibilizados y no han recibido atención efectiva o indicada por parte de las instituciones”.

“Y están expuestos aún a violencias que los revictimizan como hechos de explotación sexual, laboral, utilización para el microtráfico y están expuestos a situaciones de reclutamiento por parte de bandas criminales. Eso lo hemos podido constatar con el trabajo realizado con algunos de ellos y con organizaciones sociales de este departamento”, explicó Silva.

Subregistro.

A pesar que la investigación permitió encontrar algunas cifras de las principales afectaciones que viven los niños y jóvenes en medio del conflicto en el Huila, los investigadores manifestaron su preocupación por el subregistro que existe.

“Hay una preocupación y es que en términos de cifras no hay un registro adecuado que incorpore enfoques diferenciales étnicos, etarios, de género, que nos permita decir: la cifra de niños y niñas víctimas del conflicto armado en el Huila es esta, porque las instituciones no las tienen. En la investigación consultamos fuentes oficiales y algunos órganos de control dan algunas cifras pero sin esas categorías diferenciales, lo que dificulta poder tener una cifra”.

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“Sin embargo, en un estudio reciente que se hizo a nivel nacional se pudo establecer que existe un gran subregistro y que muchos hechos no se denuncian por el temor a la revictimización cuando se acude a las instituciones del Estado, y este número es todavía indeterminado y es una necesidad poderlo determinar”.

“Las instituciones del Estado deben fortalecer sus sistemas de información y registro, con el agravante de que en el Huila no hay una política pública ya construida y materializada en programas y experiencias concretas orientadas, no sólo a identificar esas víctimas, sino a adoptar medidas para que se restablezcan los derechos de esta población”, explicó Olga Silva

Lo encontrado.

Carlos Bonel, investigador participante en el estudio, reveló algunas cifras halladas respecto a las distintas situaciones que afectan a los menores en medio del conflicto.

“En la vida de los niños y los jóvenes se encuentra violencia de todo tipo: intrafamiliar, donde se evidenció que cuatro de cada 10 padres o cuidadores maltratan física y moralmente a los menores. Y no se pueden culpar por eso, porque no va en sus genes, sino todas las relaciones sociales en las que están inmersos: desplazamiento, miseria, hambre, falta de empleo y eso lleva a estos niveles de desespero”.

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“Otra violencia que se marca en esta población es la sexual contra los niños y adolescentes. Dicen las mismas cifras de la Gobernación, citando al Sistema de Vigilancia Epidemiológica, que durante 2013 se notificaron 657 hechos de violencia sexual en el Huila, la gran mayoría de estos casos, por no decir que todos, están relacionados con menores de edad”.

“También en una sola Fiscalía nos reportaban que tienen 1.300 casos de violencia sexual contra menores de edad y esto aunado al subregistro que hay de que la gran mayoría de las familias, no sólo en el Huila, sino en todo el país, que no hacen las denuncias porque o no creen en el Estado o se sienten deshumanizadas o revictimizadas”, mencionó Bonel.

Otros hallazgos.

Asimismo, otras cifras en temas como trabajo infantil, desplazamiento y homicidios a menores de edad en el Huila fueron registradas en el estudio.

“Hay otros como el aumento del trabajo infantil; los hogares necesitan del trabajo de los jóvenes y adolescentes para vivir, porque viven en situación de miseria y se encuentra que la gran mayoría de estos niños que trabajan en las plazas de mercado, talleres, cafeterías, son provenientes de población desplazada”.

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“Otro hallazgo tiene que ver con el desplazamiento en el Huila. Es un departamento que al año 2011, según últimas cifras del Dane, se tenía que 91.700 personas son desplazadas. De estas, el 51 por ciento son menores de edad, gente que se desplaza a las grandes ciudades, a los cascos urbanos a vivir del rebusque”.

“Encontramos otras cifras escalofriantes en un informe de la Unidad Nacional de Víctimas, donde nos habla cómo a la fecha hay 165 homicidios contra menores, hay 994 víctimas de amenazas, 4.386 víctimas de desplazamiento forzado, seis niños secuestrados, entre otros”, explicó Carlos Bonel.

¿Actores invisibles?

Por su parte, Olga Silva reflexionó respecto a cómo los niños y jóvenes victimizados pareciesen actores invisibles en medio del conflicto.

“La victimización de niños y adolescentes en este país está dada por un conflicto armado que lleva más de 60 años, pero también por las condiciones de marginalidad y pobreza con las que han tenido que vivir. La situación de desplazamiento ya es un hecho victimizante y creo que eso ha vulnerado muchos derechos de estos niños y los sigue poniendo en riesgo”.

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La investigación hecha por la corporación jurídica Humanidad Vigente resalta la invisibilidad de los afectados y la falta de una política pública para prevenir, blindar y reparar a los menores víctimas.

“Pero hay que resaltar que los niños identifican una negación de sus derechos y es a nivel general que no se les reconoce a ellos como sujetos de derechos y por eso hacemos un llamado a que se dinamicen o se creen espacios intersectoriales, que avancen en la materialización de la política pública a nivel departamental y local, pero que en esos espacios intersectoriales participen activamente los niños y jóvenes vulnerados, que tienen mucho que decir y aportar”.

“El trabajo de parte de las instituciones del Estado en materia de restablecimiento de derechos en departamentos como el Huila aún es muy precario, no se está cumpliendo con lo que mandata la Ley de Víctimas, pero también con lo que mandata la Constitución y los Derechos de los Niños”, comentó la investigadora.

Sin opciones.

Dentro de la socialización de los resultados de los estudios, se mencionó cómo en la mayoría de latitudes del Huila los niños y jóvenes no tienen escenarios para la recreación, la lúdica, la cultura y lo que ello conlleva.

“Pudimos constatar que como no hay política pública, no hay programas de atención o prevención para niños, niñas y jóvenes, entonces tenemos municipios como Isnos en donde los niños han dicho que no tienen oportunidades, no hay espacios para la recreación, el arte, la cultura y los jóvenes no tienen en qué usar su tiempo libre”.

“Eso se está dando, al igual que en muchos municipios del Huila, que los jóvenes sean proclives al consumo de sustancias psicoactivas, alcohol y ellos saben que espacios como bares no son aptos para su esparcimiento, pero enfatizan en que no hay más lugares donde ir a compartir con sus pares y piden sus espacios, los reclaman”, agregó Silva.

Llamado.

El investigador Carlos Bonel hizo un llamado a las autoridades del Huila, luego de revelar los resultados de la investigación. Además mencionó que no es sano ver las cifras o hallazgos como meros datos.

“Lo que resumen los hallazgos es que son los niños los que están en el centro del conflicto armado, son víctimas y mientras no se resuelvan verdaderamente las raíces de este conflicto que vive el país, difícilmente se podrá resolver la situación de violencia que se ejercen contra los niños y jóvenes. Hago un llamado para no ver estas cifras como números fríos, ni simples estadísticas o similar, porque esto nos lleva a que se nos vuelva normal”.

“Hay que entender que lo que hay detrás de estas cifras son seres humanos y fundamentalmente el futuro que le espera al país. Y mientras no se resuelvan esos problemas relacionados en cifras, la situación de nuestros niños y jóvenes no va a cambiar mucho. El llamado también es sobre la necesidad de hacer una política pública para la niñez y los jóvenes, y no es sólo que la política se construya, sino también que se vuelva una realidad porque la realidad es mucho más cruel que las mismas cifras”, finalizó el investigador.

Mirada en contexto.

Los investigadores de la corporación jurídica Humanidad Vigente hicieron una mirada del contexto regional del Huila, denotando los índices de pobreza del departamento.

“El principal hallazgo que se encuentra y que es aterrador es la violencia que se está ejerciendo contra los niños y los jóvenes. Violencia de todo tipo, principalmente la violencia social que se puede ilustrar con las cifras que manejan las organizaciones del departamento y a nivel nacional de cómo el Huila es un departamento más pobre entre los pobres; siendo el cuarto departamento más pobre en el país y el segundo más inequitativo”.

“La pobreza en el Huila, a diferencia de la pobreza a nivel nacional sigue aumentando en tanto que se dice que a nivel nacional está disminuyendo. Uno de cada cinco huilenses viven en la miseria y la mitad de la población huilense es una población que vive en la pobreza”.

“Todas estas condiciones de vida que está sufriendo la población huilense tienen unas raíces fundamentales en la estructura económica de la región y en la historia del Huila, que en este caso ha estado marcada históricamente, no sólo por la época de la violencia, sino por la violencia de diferentes sectores armados presentes en la región y por las condiciones económicas que vive la gente acá”.

“Tanto así, que Huila es un departamento dependiente básicamente del petróleo y el café; la economía campesina es una economía es muy pobre y muy pequeña, el campesino tiene que desplazarse hacia otros departamentos o hacia las grandes ciudades por la banca rota de la quiebra de la economía campesina. Proyectos como los que se están desarrollando de la hidroeléctrica van a seguir generando mucho más desplazamiento y miseria en la gente”, comentó el investigador Carlos Bonel.

 

 

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