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Los hombres que no amaban a las mujeres

Escrito por  el 
20 abril, 2010

En enero pasado, la pareja conformada por Silene María Acuña y Luis Yovanny Mosquera arrendó el primer piso de una casa en Mosquera, Cundinamarca. Meses después, durante el último día de la Semana Santa, la dueña del inmueble descubrió el cuerpo sin vida de Silene enterrado en la sala, bajo una pequeña capa de cemento. Se cree que su esposo, de quien esperaba un hijo, la asesinó, cavó una fosa y la enterró. Después huyó. Hoy se encuentra detenido y de ser hallado culpable podría pagar una pena de hasta 50 años de prisión. Apenas se divulgaban los detalles del terrorífico suceso, cuando otro crimen similar sacudió a la opinión pública. En la madrugada de ayer, la Policía Metropolitana de Bogotá detuvo al esposo de Merinel Escágarra, en la localidad de Engativá. Según numerosos testigos que salieron de sus domicilios al escuchar los gritos de Marinel, ésta fue empujada por su esposo a través de la ventana del cuarto piso en el que residían. Murió al caer sobre el pavimento.

No se trata de casos aislados. Los crímenes pasionales, y en particular los cometidos contra las mujeres, son un fenómeno alarmante en nuestro país. Según el estudio Forensis Mujeres 2009, divulgado en días pasados por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, de las 6.603 mujeres que fueron víctimas de homicidio en Colombia entre 2004 y 2008, más del 30% fueron asesinadas en su propio hogar. Se registraron asesinatos abruptos o espontáneos, en el marco de álgidas discusiones, pero también, como parecería ser el caso de Silene Acuña, se conocieron crímenes premeditados, planeados por los perpetradores con suficiente antelación e inclemencia.

Lo alarmante no son sólo los asesinatos. Según el mismo estudio, durante los últimos cinco años 206.735 mujeres, en su mayoría con edades entre los 20 y los 34 años, fueron víctimas de algún hecho violento por parte de su compañero sentimental. En tan solo los primeros dos meses del año en curso se han denunciado ante Medicina Legal 9.500 casos de violencia de pareja contra las mujeres.

Aunque a lo largo de la última década tanto Medicina Legal como algunas organizaciones académicas y de la sociedad civil han sido diligentes al divulgar las altas cifras y advertir sobre la gravedad del fenómeno, éste parece ir en ascenso. Extraña, por tanto, la ausencia de campañas nacionales de prevención contra este tipo de violencia que afecta a mujeres de todas las edades y condiciones sociales.

Como demuestra la experiencia de algunos países, estas muertes pueden ser prevenidas efectivamente, pues se encuentran casi siempre precedidas por largas cadenas de abusos, golpes, empujones, amenazas, manipulaciones sicológicas y otras formas de maltrato, que pueden ser detectadas y castigadas a tiempo.

Es urgente, en suma, que se profundicen las políticas públicas al respecto. La contundencia de las cifras exige del Estado una respuesta estructurada y nacional, que incluya campañas de prevención en todos los niveles educativos, cursos de capacitación para profesionales en el nivel hospitalario y judicial y agresivas campañas publicitarias que informen a las mujeres sobre sus derechos.

En el campo de la sociedad civil encontramos algunas iniciativas innovadoras que pueden ser apoyadas o replicadas como políticas públicas. La campaña “Ni con el pétalo de una rosa”, encabezada por la actriz Alejandra Borrero, pretendió sensibilizar a los colombianos, a través del arte, acerca de las injusticias a las que está sometida la mujer colombiana en su vida cotidiana. “Sin mi puño y con mi letra”, liderada por la Red Nacional de Mujeres,  invitó a todos los hombres desde los 12 años a firmar un pacto en el que se comprometen a ser agentes del cambio y a combatir la violencia de pareja.

Pese a que pertenecen a un terreno subjetivo, mediado fuertemente por la cultura, las relaciones sentimentales deben ser abordadas por las campañas de salud pública. Algún tipo de educación sentimental habrá de ser impartida para ilustrar a mujeres y hombres sobre el respeto y los límites del amor.

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