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Las y los jóvenes decimos no a la guerra, somos constituyentes de Paz!

Escrito por  el 
29 agosto, 2012
La degradación del conflicto en nuestro país, está relacionado no sólo con la implementación del modelo neoliberal, sino también con la tradición que el sistema político colombiano ha tenido a lo largo de su vida republicana. Es así como el conflicto social y armado se ha prolongado por más de 45 años, en los que la población del país ha sufrido las consecuencias del mismo, con un fuerte impacto social y militar en sus diversas regiones. Sin embargo, el conflicto no ha tocado a todos y todas de la misma forma y la presencia de los actores del conflicto no es igual en toda la geografía nacional. En la región del Magdalena Medio, donde se implementó el laboratorio paramilitar que más tarde se multiplicaría a lo largo y ancho del país, el conflicto permanece, teniendo las y los jóvenes que lidiar no sólo con sus consecuencias sociales, sino también con sus consecuencias políticas y militares.
Por un lado, el modelo neoliberal en la región ha generado que la principal fuente de producción y empleo sea la explotación petrolera. La contratación para poder trabajar en la refinería y en los pozos de los municipios cercanos, es tercerizada y manejada desde bolsas de empleo, asociaciones y cooperativas de trabajo dirigidas por el paramilitarismo. Las otras fuentes de empleo en la región son la palmicultura y la construcción de megaproyectos. Dadas las pésimas condiciones de contratación y la escaza posibilidad de estudiar carreras profesionales que puedan permitirnos tener mejores ingresos, muchos jóvenes se ven abocados a ingresar a los grupos paramilitares que operan en la región. Por otra parte, las y los jóvenes que se resisten a hacer parte de este círculo que ha impuesto el Estado, somos amenazados y asesinados, pues el control político de los cascos urbanos lo sigue teniendo el paramilitarismo.
Las y los jóvenes del Magdalena Medio, hemos sentido y vivido junto con nuestras comunidades, la política guerrerista de Estado, por definición avasalladora y retardada en términos de la construcción de un país democrático con oportunidades para quienes hoy somos los hijos e hijas de esta violencia que con orgullo promueven nuestros gobernantes. Hoy, en nuestra región, sigue existiendo la presencia de múltiples actores armados, por lo cual la acción paramilitar es justificada, siendo las y los jóvenes los principales objetivos militares. Los dos casos recientes de falsos positivos en la región son muestra de ello, dos compañeros activos en su labor política y social con el campesinado fueros victimas de dicha estrategia de Estado para desarticular y negar otras posibilidades en los campos y ciudades de Colombia. En el Nordeste Antioqueño actualmente opera el grupo paramilitar Héroes del Nordeste que viene adelantando acciones en contra de la población organizada que se opone a permitir que saqueen sus territorios; esto sin contar la oferta criminal del paramilitarismo en las ciudades y centros urbanos, quienes aprovechando la condición de exclusión laboral y económica que vivimos, fortalecen sus estructuras comprando jóvenes para su accionar delincuencial, las y los jóvenes seguimos siendo el combustible más preciado para reproducir la criminalidad y el conflicto. Estamos cansadas y cansados de esta guerra.
Es por esto, porque hay que parar la guerra, que hemos venido impulsando desde nuestra región iniciativas de Paz en diálogo con la comunidad, las organizaciones sociales, las instituciones, las personalidades democráticas y la sociedad civil en general, con el fin de plantear que el diálogo es la ruta y que la Paz con justicia social es posible.
El Encuentro Nacional de comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas por la Tierra y la Paz de Colombia del 12 al 15 de agosto del 2011, que reunió a más de 30.000 personas de todo el país en la ciudad de Barrancabermeja, es un ejemplo de ello, hecho que marcó el principio de un camino que busca desde la amplitud y la unidad generar y fortalecer los escenarios que permitan la salida política al conflicto y por tanto, la Paz en nuestros territorios. Una de las conclusiones de este importante encuentro, fue el impulso de las constituyentes por la Paz a lo largo y ancho de nuestro país como el escenario propicio y pertinente para abanderar junto con las comunidades iniciativas que a través del diálogo y la construcción colectiva con otros y otras en la urgente necesidad de labrar acciones que conduzcan al restablecimiento de los Derechos que como ciudadanos nos pertenecen, implementación de políticas acordes a nuestras necesidades, en definitiva hechos reales que conduzcan a la Paz, entendiendo ésta como un proceso.
De esta manera, nuestra región ya ha iniciado un importante trabajo en este sentido, sensibilizando y convocando a las constituyentes por la Paz; recientemente se realizó la constituyente en el Peñon Santander el 24, 25 y 26 de junio de este año, donde participaron más de 600 personas, confluyendo en la conformación de la primera constituyente del país. Hoy proponemos que este mandato colectivo del Encuentro de Paz sea una realidad para todos las y los jóvenes que estamos aquí reunidos. De nosotros también es esta tarea, nosotros también hacemos parte de esta nueva posibilidad, los y las invitamos a que lo asumamos en lo que hoy nos une, desde nuestras regiones para desde allí confluyamos en los escenario nacionales.
Para que haya una segunda independencia debe existir una ruta de Paz, de unidad y de amplitud en nuestro movimiento, hoy las regiones en la expresión de marcha quieren lanzar su grito desde aquellos lugares que aislados geográfica y Estatalmente, o sumidos en una explotación dañina, han querido ser acallados, marcha es nuestra posibilidad de voz, y por tanto, debe ser la expresión de esa multiplicidad de culturas y rebeldías que hay en cada lugar del territorio se respiran. Hoy las y los jóvenes en marcha decimos que queremos vivir y queremos ser constituyentes de una Paz con justicia social.
Dialoguemos desde nuestros saberes, tan distintos como enriquecedores, intercambiemos el campo con la ciudad, los escritorios con los azadones, el hip hop con la tambora, nuestros libros con sus libros para que disfrutemos de esta fiesta de la que hoy el mar es presente, la fiesta de la unidad por la Paz. Jóvenes hoy el Magdalena Medio les habla desde su sentir y desde una experiencia histórica de conflictos y resistencias sociales, hoy sus jóvenes quieren compartir su historia para empezar juntos a construir una distinta.
¡CONSTRUIR LA ORGANIZACIÓN JUVENIL DEL MAGDALENA MEDIO PARA LUCHAR POR LA PAZ Y LA JUSTICIA SOCIAL!
¡PORQUE DECIMOS NO A LA GUERRA, SOMOS CONSTITUYENTES DE PAZ!
La degradación del conflicto en nuestro país, está relacionado no sólo con la implementación del modelo neoliberal, sino también con la tradición que el sistema político colombiano ha tenido a lo largo de su vida republicana. Es así como el conflicto social y armado se ha prolongado por más de 45 años, en los que la población del país ha sufrido las consecuencias del mismo, con un fuerte impacto social y militar en sus diversas regiones. Sin embargo, el conflicto no ha tocado a todos y todas de la misma forma y la presencia de los actores del conflicto no es igual en toda la geografía nacional. En la región del Magdalena Medio, donde se implementó el laboratorio paramilitar que más tarde se multiplicaría a lo largo y ancho del país, el conflicto permanece, teniendo las y los jóvenes que lidiar no sólo con sus consecuencias sociales, sino también con sus consecuencias políticas y militares.
Por un lado, el modelo neoliberal en la región ha generado que la principal fuente de producción y empleo sea la explotación petrolera. La contratación para poder trabajar en la refinería y en los pozos de los municipios cercanos, es tercerizada y manejada desde bolsas de empleo, asociaciones y cooperativas de trabajo dirigidas por el paramilitarismo. Las otras fuentes de empleo en la región son la palmicultura y la construcción de megaproyectos. Dadas las pésimas condiciones de contratación y la escaza posibilidad de estudiar carreras profesionales que puedan permitirnos tener mejores ingresos, muchos jóvenes se ven abocados a ingresar a los grupos paramilitares que operan en la región. Por otra parte, las y los jóvenes que se resisten a hacer parte de este círculo que ha impuesto el Estado, somos amenazados y asesinados, pues el control político de los cascos urbanos lo sigue teniendo el paramilitarismo.
Las y los jóvenes del Magdalena Medio, hemos sentido y vivido junto con nuestras comunidades, la política guerrerista de Estado, por definición avasalladora y retardada en términos de la construcción de un país democrático con oportunidades para quienes hoy somos los hijos e hijas de esta violencia que con orgullo promueven nuestros gobernantes. Hoy, en nuestra región, sigue existiendo la presencia de múltiples actores armados, por lo cual la acción paramilitar es justificada, siendo las y los jóvenes los principales objetivos militares. Los dos casos recientes de falsos positivos en la región son muestra de ello, dos compañeros activos en su labor política y social con el campesinado fueros victimas de dicha estrategia de Estado para desarticular y negar otras posibilidades en los campos y ciudades de Colombia. En el Nordeste Antioqueño actualmente opera el grupo paramilitar Héroes del Nordeste que viene adelantando acciones en contra de la población organizada que se opone a permitir que saqueen sus territorios; esto sin contar la oferta criminal del paramilitarismo en las ciudades y centros urbanos, quienes aprovechando la condición de exclusión laboral y económica que vivimos, fortalecen sus estructuras comprando jóvenes para su accionar delincuencial, las y los jóvenes seguimos siendo el combustible más preciado para reproducir la criminalidad y el conflicto. Estamos cansadas y cansados de esta guerra.
Es por esto, porque hay que parar la guerra, que hemos venido impulsando desde nuestra región iniciativas de Paz en diálogo con la comunidad, las organizaciones sociales, las instituciones, las personalidades democráticas y la sociedad civil en general, con el fin de plantear que el diálogo es la ruta y que la Paz con justicia social es posible.
El Encuentro Nacional de comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas por la Tierra y la Paz de Colombia del 12 al 15 de agosto del 2011, que reunió a más de 30.000 personas de todo el país en la ciudad de Barrancabermeja, es un ejemplo de ello, hecho que marcó el principio de un camino que busca desde la amplitud y la unidad generar y fortalecer los escenarios que permitan la salida política al conflicto y por tanto, la Paz en nuestros territorios. Una de las conclusiones de este importante encuentro, fue el impulso de las constituyentes por la Paz a lo largo y ancho de nuestro país como el escenario propicio y pertinente para abanderar junto con las comunidades iniciativas que a través del diálogo y la construcción colectiva con otros y otras en la urgente necesidad de labrar acciones que conduzcan al restablecimiento de los Derechos que como ciudadanos nos pertenecen, implementación de políticas acordes a nuestras necesidades, en definitiva hechos reales que conduzcan a la Paz, entendiendo ésta como un proceso.
De esta manera, nuestra región ya ha iniciado un importante trabajo en este sentido, sensibilizando y convocando a las constituyentes por la Paz; recientemente se realizó la constituyente en el Peñon Santander el 24, 25 y 26 de junio de este año, donde participaron más de 600 personas, confluyendo en la conformación de la primera constituyente del país. Hoy proponemos que este mandato colectivo del Encuentro de Paz sea una realidad para todos las y los jóvenes que estamos aquí reunidos. De nosotros también es esta tarea, nosotros también hacemos parte de esta nueva posibilidad, los y las invitamos a que lo asumamos en lo que hoy nos une, desde nuestras regiones para desde allí confluyamos en los escenario nacionales.
Para que haya una segunda independencia debe existir una ruta de Paz, de unidad y de amplitud en nuestro movimiento, hoy las regiones en la expresión de marcha quieren lanzar su grito desde aquellos lugares que aislados geográfica y Estatalmente, o sumidos en una explotación dañina, han querido ser acallados, marcha es nuestra posibilidad de voz, y por tanto, debe ser la expresión de esa multiplicidad de culturas y rebeldías que hay en cada lugar del territorio se respiran. Hoy las y los jóvenes en marcha decimos que queremos vivir y queremos ser constituyentes de una Paz con justicia social.
Dialoguemos desde nuestros saberes, tan distintos como enriquecedores, intercambiemos el campo con la ciudad, los escritorios con los azadones, el hip hop con la tambora, nuestros libros con sus libros para que disfrutemos de esta fiesta de la que hoy el mar es presente, la fiesta de la unidad por la Paz. Jóvenes hoy el Magdalena Medio les habla desde su sentir y desde una experiencia histórica de conflictos y resistencias sociales, hoy sus jóvenes quieren compartir su historia para empezar juntos a construir una distinta.
¡CONSTRUIR LA ORGANIZACIÓN JUVENIL DEL MAGDALENA MEDIO PARA LUCHAR POR LA PAZ Y LA JUSTICIA SOCIAL!
¡PORQUE DECIMOS NO A LA GUERRA, SOMOS CONSTITUYENTES DE PAZ!

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