Humanidad Vigente | La situación de las mujeres colombianas en espacios laborales. - Humanidad Vigente
Archivo

La situación de las mujeres colombianas en espacios laborales.

El primero de mayo de 1890, Virginia Bolten encabezó la primera manifestación por el día del trabajador en conmemoración a los mártires de Chicago, enarbolando una bandera negra y letras rojas con la consigna “1 de mayo fraternal y universal”. Luego de pronunciar un discurso revolucionario y difundir propaganda anarquista frente a los trabajadores de la Refinería Argentina es detenida bajo el cargo de atentar contra el orden social. Virginia fue la primera mujer oradora en una concentración obrera. Con los años, la conmemoración del primero de mayo se convirtió en la reivindicación de los derechos conquistados y los que faltan por conquistar. En el presente escrito y como homenaje a Virginia, se hablará sobre la situación actual de las mujeres colombianas en espacios laborales, reconociendo que para alcanzar la igualdad y el trabajo en condiciones dignas falta un camino de luchas y reivindicaciones por recorrer.

Antes de iniciar, es importante reconocer que las mujeres han trabajado desde siempre, que esta labor se ha desarrollado principalmente en la esfera privada o doméstica, en la que las mujeres han desarrollado trabajos de cuidado en sus propios hogares o en los hogares de mujeres privilegiadas que tienen la capacidad económica para pagar por este tipo de cuidado. Gracias a las teóricas feministas marxistas, estas labores se han reconocido como trabajo reproductivo o como la “economía del cuidado”; en caso de ponerle precio a estos trabajos, equivaldría al 19,3% del Producto Interno Bruto (PBI)[1], el cual es superior al aporte que realiza la minería, el cual es de 2,1%[2], o las exportaciones que representan el 16,3%[3]. A pesar de ello, se encuentra que en Colombia, uno de los peores trabajos pagos (en el mejor de los casos, cuando es remunerado) es el de las trabajadoras domésticas, quienes a pesar de contar con leyes que obligan a sus empleadores a cubrir su seguridad social, la realidad material dista del marco jurídico que las ampara. En conclusión, el trabajo doméstico le aporta económicamente al capitalismo, toda vez que es un trabajo no remunerado, que requiere disposición de 24 horas al día, siete días a la semana, como el cuidado de la infancia o de personas mayores, ya decía Silvia Federici “Lo que llaman amor, nosotras lo llamamos trabajo no pagado”.

Como referencia histórica en Colombia, resaltan las luchas conquistadas por las mujeres sindicalistas en los años ochenta, luchas que fueron precedidas por más de 60 años de conquista de derechos. Entre las sindicalistas, se destaca Betsabé Espinoza, quien en 1920 lideró la primera huelga exitosa en la rama de los textiles, en la que se sumaron más de 500 trabajadoras; como resultado de esta huelga femenina, se logró un aumento del 40% de los salarios, una jornada laboral de 9 horas y la expulsión de los capataces varones acusados de acosar sexualmente a las mujeres[4][5]. Las mujeres históricamente han trabajado por los derechos de los y las trabajadoras, pero aún siguen existiendo espacios en el que el patriarcado se sobrepone contra las mujeres, por lo que se ha podido identificar los distintos espacios en los que existen brechas de género, uno de ellos en lo laboral, las cuales pueden presentarse y reproducirse de diferentes maneras.

Techo de cristal.

El techo de cristal corresponde a una analogía, la cual se refiere a los obstáculos que enfrentan las mujeres para lograr el ascenso laboral y acceder a cargos directivos, es un techo que a pesar de ser invisible es real y se fundamenta en valores patriarcales y sociales que se han naturalizado y por ende, son difíciles de detectar. Como muestra de ello, en Colombia solo el 20% de los cargos ejecutivos son ocupados por mujeres[6], evidenciando así las desigualdades aún existentes en el mundo laboral, y que representa una desigualdad económica entre hombres y mujeres, toda vez que a mayor cargo se tenga al interior de una empresa u organización, mayor será la remuneración.

Sin embargo, el panorama puede ser esperanzador, por cuanto si bien el camino por conquistar es largo, se pueden evidenciar resquebrajamientos en el techo de cristal, como ejemplo de ello, la designación de Dolly Montoya Castaño como la primera mujer en 150 años en ser la rectora de la universidad pública más grande e importante del país.

Desigualdad salarial.

En ocasiones anteriores, desde Humanidad Vigente se ha denunciado la brecha salarial entre hombres y mujeres[7], la cual corresponde al 18.7%, esto quiere decir que por cada diez horas trabajadas por un hombre, las mujeres deben trabajar doce horas para tener la misma remuneración por el mismo trabajo. De ahí la importancia del principio “a trabajo igual, salario igual[8], el cual dista de ser una realidad para las mujeres, por ello, se observa que a pesar de haber logrado importantes avances en materia laboral y gracias a las sindicalistas que iniciaron la lucha por el reconocimiento del trabajo de las mujeres, las conquistas aún son insuficientes, por lo que  se hace necesario articular los esfuerzos de las mujeres y los hombres en la búsqueda de condiciones laborales dignas e igualitarias para toda la población.

Acoso sexual.

El acoso sexual en ámbitos laborales es uno de los motivos por los cuales las mujeres renuncian a su trabajo, generando prácticas re victimizantes, en las que el acoso sexual no se considera como algo grave, desconociendo que los efectos de esta violación a los derechos humanos[9] pueden ser diversos, entre ellos se pueden presentar daños a la salud, como cuadros de ansiedad, estrés, fatiga y depresión; afectaciones económicas, como bajo rendimiento en el trabajo, renuncias o despidos; y efectos sociales como la culpabilización de las víctimas y/o el miedo a hablar sobre la situación ante la falta de credibilidad que suele suceder ante este delito, en el que no suelen existir pruebas materiales.

 Otros aspectos.

Existen otros factores igualmente preocupantes; entre estos, se encuentra el desempleo de las mujeres, con una tasa del 54,9% que se puede explicar en parte por la sobre selección de mujeres en la educación superior. Las mujeres tienen menos posibilidades de acceder a la educación superior[10], debido a que los trabajos de cuidado suelen ser impuestos a las mujeres, además la gran mayoría de las mujeres se desempeña en trabajos informales[11].

Otro aspecto a resaltar, corresponde a los permisos laborales los cuales deben tener en cuenta el género, o la condición que se tiene al interior de la familia, ejemplo de ello es cuando un menor de la familia se enferma, o debe asistir regularmente a tratamientos médicos. Quienes suelen asumir estas labores de cuidado son las mujeres, motivo por el cual deben pedir permiso en su trabajo o no ir a trabajar, descontando estos días de su pago mensual, o generando despidos por las inasistencias.

Lo anterior, corresponden a algunos de los aspectos que limitan la equidad de género en espacios laborales y que generan grandes preguntas y preocupaciones, de ahí la importancia de que las políticas públicas sobre el trabajo incorporen los diferentes enfoques diferenciales, especialmente, el enfoque de género y de edad.

Para finalizar, Nancy Fraser plantea que para lograr la justicia social se debe buscar el reconocimiento, la redistribución y la participación. Para el caso, es importante reconocer las situaciones de discriminación contra las mujeres, que no permiten acceder de manera equitativa a los espacios laborales, la redistribución que implicaría la materialización del principio “a trabajo igual salario igual”, y la participación de las mujeres en espacios directivos y decisorios. Es así que el camino por andar sigue siendo largo y debe tener en cuenta las condiciones históricas, sociales, económicas y políticas que han atravesado el acceso de las mujeres a los espacios laborales.

Desde Humanidad Vigente hacemos un llamado a la movilización este primero de mayo, para lograr una justicia de género en ámbitos laborales y para no olvidar que las mujeres existimos, trabajamos y aportamos a la economía del país, motivo por el cual nuestras demandas y exigencias han de retumbar en la calle y en la plaza.

[1] Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2013

[2] Sector minero representa el 2,1% del Producto Interno Bruto http://www.eluniversal.com.co/economica/sector-minero-representa-el-21-del-producto-interno-bruto-148726

[3]Trabajo doméstico aporta más al PIB que las exportaciones https://www.dinero.com/pais/articulo/economia-del-cuidado-colombia/202849

[4] La revolución pacífica de las mujeres https://www.youtube.com/watch?v=opSXfLLHVWY

[5] Betsabé Espinoza  https://www.semana.com/especiales/articulo/betsabe-espinoza/75442-3

[6] En Colombia solo el 20% de los cargos ejecutivos son ocupados por mujeres https://www.elespectador.com/economia/en-colombia-solo-el-20-de-las-mujeres-ocupan-cargos-ejecutivos-articulo-743281

[7] 8M genealogía de las resistencias femeninas http://humanidadvigente.net/8m-genealogia-las-resistencias-femeninas/

[8] Corte Constitucional, Sentencia T-018 de 1999

[9] Corte Constitucional, Sentencia T-265 de 2016. El acoso sexual laboral es una violación al Derecho Internacional de los Derechos Humanos.

[10] Como muestra de ello, se encuentra que actualmente, solo el 30% de las admitidas a la Universidad Nacional son mujeres, el 70% restante son hombes.

[11] Vale recordar que Rosa Elvira Cely trabajaba de manera informal en un puesto de ventas ambulante.

Acerca de

Dejar un comentario

Su opinión es muy importante para nosotros, su correo electrónico no será revelado