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Identificación y caracterización de las dimensiones socio-económicas, políticas y biofísicas del cultivo de coca Erithroxilum coca Lam, en el Valle del Río Cimitarra

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2 abril, 2012
“Erithroxilum coca Lam” es variedad más común de coca en nuestro país, se estima que constituye el 59% de las muestras en Colombia. Los nombres más populares que usan los campesino cultivadores para ésta variedad son: “Peruana”, “Tingo María” y “Boliviana”. Es un arbusto de hasta tres metros de altura, con hojas elípticas, extremos agudos y un pedicelo de 2 a 7 mm. Los frutos son elipsoidales de 6 a12 mm. de longitud.

La “Erithroxilum coca Lam” es la variedad que fue introducida a la Zona de Reserva Campesina del Valle del Río Cimitarra, es nuestra coca.

Esta variedad está ampliamente distribuida en el país y se cultiva entre los 0 y 2000 metros sobre el nivel del mar.

La coca (Erythroxylum coca, del quechua kuka ) es una especie de planta con flor de la familia de las Eritroxiláceas originaria de las escarpadas estribaciones de los Andes amazónicos.

Tiene un papel importante en las culturas andinas, como analgésico en intervenciones médicas. Es utilizada por culturas andinas como las naciones chibcha, aymara y quechua, como analgésico. Aunque es mejor conocida en el mundo entero por sus alcaloides, entre los cuales se encuentra la cocaína, que es un fuerte y adictivo estimulante.

Para el campesinado de la ZRC del Valle del Río Cimitarra la coca ha sido una solución y un problema, cómo dice el trovador cubano Óscar Huerta en su canción, “una semilla me cura y otra me causa muchos dolores”.

Hoy en nuestra región queda el 30 % de las 1500 hectáreas que llegaron a estar cultivadas durante la bonanza de la coca. No es una victoria de las fumigaciones del Plan Colombia que se reciben, como un castigo, anualmente desde el 2001. La ZRC vive un cambio de bonanza, de la coca al oro, con todas las implicaciones positivas y negativas que cualquier bonanza tiene.

La coca, sin embargo, persistirá como alternativa agrícola mientras no exista una verdadera alternativa de sustitución en un nuevo contexto favorable para la economía campesina en zonas de colonización. Reforma agraria, políticas de desarrollo rural dentro de un nuevo modelo económico, con mercado interno garantizado, incentivos, vías e infraestructura. De lo contrario la coca con uso para el narcotráfico nos acompañará como un lastre del cual se benefician unos pocos mientras que las consecuencias, derivadas de políticas conservadoras imperiales impuestas, las sufrimos todos.

La tan largamente esperada sustentación de la tesis de Miguel Cifuentes, servirá, sin duda, para introducir claridades sobre las dimensiones económicas, políticas y sociales que rodean el cultivo de la coca en nuestra región, pues su estudio va más allá de los aspectos meramente biofísicos y agronómicos.

Los mitos mediáticos sobre la coca, sobre los campesinos que la cultivan y sobre su relación con el conflicto armado, que la tiene, sirven para ocultar el tremendo y real impacto que el narcotráfico ha dejado en la forma de ejercer el poder político en nuestro país y en la sociedad en su conjunto.

La solución a los cultivos de coca, del narcotráfico, pasa por las reformas que el país requiere. La solución definitiva pasa por resolver el problema de la tierra y el logro de la paz. En ese ansiado escenario, nos dedicaremos en el futuro a defender el uso ancestral, cultural y ritual de la coca, una planta que es tan nuestra como todos los productos de la tierra andina, escenario en el cual la coca volverá a ser “la semilla que nos cura”.

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