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El pétalo de una rosa

Escrito por  el 
20 abril, 2010

Cada hora, nueve mujeres son víctimas en Colombia de agresiones sexuales, una de las más crueles expresiones de violencia contra la población femenina. Este es solo uno de los muchos datos preocupantes contenidos en la publicación Forensis Mujeres, elaborada por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, con datos de todo el país, compilados entre el 2004 y el 2008.

Es inconcebible que en un Estado de Derecho como Colombia la mitad de las mujeres solteras, sobre todo aquellas entre los 15 y los 19 años, hayan sido ya víctimas de lesiones personales. Las calles son el sitio donde más son agredidas (50 por ciento de los casos), lo que no quiere decir que las casas sean lugares más seguros para ellas. De acuerdo con el reporte, el 30 por ciento de las afectadas fueron víctimas de actos violentos en sus propios hogares. En ese mismo periodo, 6.603 fueron asesinadas, 238 perdieron la vida en atracos callejeros o robos de residencias; 437, a causa de la violencia intrafamiliar, y 811, por lo que el Instituto denomina “violencia impulsiva”, de la que hacen parte las riñas y los delitos sexuales. Cuesta creer que en siete de cada diez de estos hechos lamentables los agresores sean sus propios familiares, sus parejas o sus ex parejas.

Estos violentos no respetan siquiera la edad de las víctimas. No solo la tasa de maltrato contra las jóvenes es cada vez más alta. Forensis muestra que 2.623 mayores de 60 años -la mayoría viudas- fueron lesionadas por sus hijos y, por lo general, en su propia casa. Los días escogidos fueron los de visita: fines de semana, festivos, vacaciones y jornadas típicamente familiares.
Este panorama vergonzoso está lejos de ser el reflejo de una sociedad que se dice civilizada. No queda duda de que el país requiere con urgencia un análisis profundo de tales formas de violencia, que tienen como base el desequilibrio de poder entre los géneros, la discriminación y las violaciones de los derechos humanos y las libertades fundamentales de las mujeres de todas las edades. Entender por qué este fenómeno no solo persiste sino que tiende a crecer es fundamental para el diseño de cualquier política y acción dirigida a contener semejante flagelo.

Los datos de Forensis son la evidencia de que en este campo ha abundado la retórica de las buenas intenciones y han brillado por su ausencia las acciones efectivas para empezar a ponerles remedio a las causas estructurales de la violencia de género. No de otro modo se explica que, de las 206.735 víctimas de maltrato en las parejas, el 90 por ciento sean mujeres.

Aquí vale preguntarse qué pasa con los publicitados programas dedicados a promover la equidad entre los géneros, las múltiples consejerías para la mujer y la infinidad de normas creadas para protegerla. Tampoco se entiende por qué ahora, cuando el tema de seguridad parece ser tan importante en el plano social y político, ni siquiera se mencione el solo hecho de que ser mujer constituye, en Colombia, un factor de riesgo para la vida y la integridad personal.

La sociedad -que eso quede claro- no puede darse el lujo de tolerar actos violentos contra ninguno de sus miembros, sobre todo si se trata de los más vulnerables. Y las mujeres desgraciadamente hacen parte de este grupo. A pesar de que en torno a ellas se estructura la familia y a su amparo se forman los nuevos ciudadanos, hoy por hoy los hombres colombianos las están asesinando y atacando diariamente. La situación es tan grave y tan seria que las niñas hoy constituyen el 53 por ciento de todos los casos de maltrato infantil. ¿Qué espera el Estado para generar acciones efectivas para protegerlas? Una sociedad sin la capacidad de brindar ambientes más seguros a las mujeres, niñas y ancianas no puede ni podrá jamás considerarse justa.

 

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