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El horror de Mapiripán descuartizado y una explicación desconocida

Escrito por  el 
21 Julio, 2015
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Foto tomada de: CMPR

¿Dos grandes aviones, entre ellos un Antonov ruso para mover tropas, viajar 500 kilómetros con la meta de solo masacrar 13 personas durante seis días? Semejante operación solo tendría sentido si se trataba de amedrentar a toda la población del Guaviare con centenares de muertos.

Una juez de Bogotá, ha venido insistiendo que solo se trató de trece las víctimas de la masacre de Mapiripán, iniciada el 15 de julio de 1997 y que solo concluyó se estela muerte el 20 del mismo mes, el día de la patria.

El procurador Alejandro Ordoñez ha acogido esa tesis y el pasado abril habló de especulaciones en torno a los muertos de aquel pueblo y por ello llama a que sea declarado inocente el general Uscátegui, condenado a 40 años de cárcel por su complicidad en la masacre.

Una pregunta insalvable

La Corte Suprema de Justicia, basada en las investigaciones de la Fiscalía, habla de 49 asesinados en aquella comarca del horror. Lo que no han recogido los medios es la pregunta de por qué casi todos los cadáveres presentaban solo las huellas de haber sido descuartizados y con signos de tortura.

Todo parece indicar, y en una versión casi no difundida, que varios frentes de las FARC realizaban una conferencia guerrillera en la región con el apoyo logístico de buena parte de la población a la que habían dejado desguarnecida priorizando la asamblea.

Años después se revelan nuevos episodios de la tragedia de Mapiripán, ahora convertido en otro pueblo fantasma de la Orinoquia. Según Michael Evans, periodista del National Security Archive, el Departamento de Estado de EE. UU., afirmó que militares colombianos intentaron encubrir su participación en la masacre.

El informe del juez que tuvo el valor civil del levantamiento de los cuerpos en medio del hostigamiento paramilitar, y hoy exiliado por las amenazas contra su vida, el abogado Leonardo Iván Cortes, da cuenta de 26 víctimas en la primeras masacre, pues hubo dos en la zona.

“Fueron 26 los asesinados en la primera masacre de Mapiripán que pude constatar, contando los asesinatos de la Inspección de Policía de la Cooperativa y los de Mapiripan, casco urbano”, señaló en un escrito.

Cortes afirma que los muertos de la primera masacre asesinados a cuchillo o machete, desviserados o decapitados y los de la segunda masacre, en la Inspección de Policía de Puerto Alvira, también caídos bajo la misma modalidad, suman 49 víctimas. No se sabe, como él mismo afirma, cuántos fueron arrojados al río.

La explicación de segar la vida casi exclusivamente a través del degollamiento se encuentra en un hecho no dilucidado: el contingente paramilitar, más de 120 hombres fuertemente armados que viajó desde Urabá, no se podía arriesgar al fusilamiento pues los disparos alertarían a toda la tropa de las FARC que se encontraba a poca distancia del caso urbano de Mapiripán.

La conferencia guerrillera y la trampa de las AUC

Esto hecho tuvo que saberlo muy previamente las AUC y por ello la audacia del largo viaje, para el que contaron con la complacencia del Ejército, tanto en Urabá, de donde partieron los aviones como en el aeropuerto de San José del Guaviare y los caminos y ríos por donde se movilizaron, infestados de retenes militares.

Los civiles terminaron llevando la peor parte pues que se sepa no hubo ningún enfrentamiento de los dos bandos. Y mientras sesionaba tranquilamente la asamblea de los guerrilleros, sus peores enemigos daban cuenta de su aliado al que debía proteger en una zona de su completa influencia: el pueblo de Mapiripán.

El mismo juez local narró que cada noche “escuchó los gritos de las personas que estaban siendo torturadas y asesinadas” por los hombres de Castaño y que por eso hizo peticiones urgentes al coronel Orozco, comandante de la brigada del Ejército en la zona, para intervenir y poner fin a la masacre. Pero los militares no hicieron nada.

Orozco, condenado a 40 años de cárcel, como el general Uscátegui, se encuentra bajo protección de los EE. UU, y vive en Miami.

Las nuevas revelaciones del Departamento de Estado

La nota reproducida el 14 de julio por la Verad.com, de la revista Semana, el Ejército colombiano acusó falsamente al mayor Hernán Orozco de ser cómplice de la masacre paramilitar de Mapiripán, como parte de parte “de un esfuerzo para confundir y ocultar la responsabilidad de otros miembros de la fuerza pública”, según un cable diplomático del Departamento de Estado de 2003. El documento fue publicado el 13 de julio de 2012 por el Archivo de Seguridad Nacional.

Evans señala que el problema para Orozco y Uscátegui es lo que sucedió después. El ex mayor ha dicho que envió un mensaje urgente a Uscátegui el 15 de julio, pidiendo la intervención de los militares, pero que luego el general Uscategui lo presionó para que cambiara el contenido del mensaje y omitiera las partes en las que advertía sobre la arremetida paramilitar contra Mapiripán.

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