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Dignificar a las víctimas de violencia sexual en los conflictos, es una apuesta para la paz.

La violencia sexual en el marco del conflicto armado es una de las prácticas más atroces y de los delitos más invisibilizados, el cual cuenta con las mayores tasas de impunidad[1]. Históricamente, este delito se ha entendido como un “daño colateral” de la guerra, sin embargo, gracias a las organizaciones feministas y de mujeres se ha podido constatar que este tipo de violencias es una guerra contra las mujeres, en la que confluyen diferentes objetivos, entre los que se encuentra la apropiación del cuerpo como primer territorio de defensa y resistencia, la dominación de lo masculino sobre lo femenino, la generación de miedo, entre otros; de ahí que este tipo de violencias sea una estrategia patriarcal para evidenciar el poder y dominio que tienen los actores armados sobre los territorios. Por ello, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 19 de junio como el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos.

En el contexto del conflicto armado colombiano, se ha logrado identificar la existencia de patrones de violencia sexual por parte de los actores armados, así lo ha podido establecer el Centro Nacional de Memoria Histórica, en su informe nacional de violencia sexual, “La guerra inscrita en el cuerpo” [2], como también las organizaciones sociales y de mujeres que durante años han investigado el tema. Los actores armados han tenido en común la regulación de la vida de las poblaciones, en los que castigan y juzgan actos que consideran inadecuados, por lo que generalmente han hecho uso de la fuerza para tener el control de la sexualidad y de la vida afectiva. En consecuencia, se ha derivado otros tipos de violencia sexual debido al dominio territorial de los actores armados, como lo son: servicios domésticos forzados, el aborto forzado, la prostitución forzada, embarazo forzado, esterilización forzada, acoso sexual y violación.

El informe del CNMH relata como paramilitares, guerrillas y fuerza pública hacen uso de esta técnica; deshumanizando los cuerpos de las víctimas y utilizándolos como mecanismos de múltiples mensajes de guerra y miedo frente a su contrincante o a la población civil. Por lo que en muchos de los casos existe una aceptación tácita de las poblaciones ante este delito, lo que pone en duda la culpabilidad del victimario, trasladando la culpa a la víctima.

Igualmente las víctimas han sufrido una revictimizacion por parte de las instituciones y de las rutas de atención, en las que muchas veces son señaladas y juzgadas al momento de denunciar. En consecuencia una gran mayoría de las personas prefieren callar ante estas situaciones, ya que no encuentran un respaldo en su familia, ni en las instituciones; lo que ha llevado a que muchas de ellas se organicen, encontrando en otras víctimas u organizaciones de mujeres, el apoyo necesario para denunciar y acompañar de manera adecuada el sufrimiento por el cual pasan las víctimas de la violencia sexual.

Por eso hoy 19 de junio se les hace un homenaje a quienes han sido víctimas de este flagelo, a las mujeres, niñas, niños, adolescentes y hombres que se han atrevido a denunciar a pesar del machismo intrínseco en las instituciones estatales y sociales, que han ridiculizado este delito tan grave. De ahí la importancia de deconstruir los estereotipos sobre la violencia sexual, que pasa por aprender a escuchar a las víctimas, escuchar sus silencios, sus llanos, ser un megáfono para que ellas mismas puedan hablar desde sus experiencias sin ser juzgadas por lo que les pasó, y reconocer que el único culpable de la violencia sexual es el victimario.

Todas estas prácticas ayudan de un lado a que el Estado mejore sus prácticas en la atención a las mujeres víctimas, y de otro lado, a que como sociedad se genere una mayor empatía hacía quienes han sido obligadas a vivir estas violencias, reconociendo que detrás de la violencia sexual hay un juego de poder histórico-cultural que es necesario deconstruir y transformar.

Recientemente Medicina Legal reportó que durante el 2017 fueron abusadas 23.418 personas, de las cuales más de 20.000 fueron mujeres. La entidad también ha referenciado que los más afectados por este tipo de delito son los menores entre los 10 y los 14 años, un 86.83% fueron niñas, niños y adolescentes mientras que un 85.4% de las víctimas fueron mujeres[3]. Según la corporación Sisma Mujer en el mismo año, cada día de por medio al menos una mujer fue víctima de delitos contra la libertad y la integridad sexual en el marco del conflicto armado[4].

Por eso reiteramos que para lograr conseguir una paz estable y duradera, no basta con el silencio de los fusiles, es necesario la deconstrucción de las lógicas guerreristas que han llevado a querer siempre imponerse sobre el otro. Los cuerpos de las mujeres, niñas, niños y adolescentes han sido territorios utilizados para reproducir el patriarcado y la desigual de género, por ello desde Humanidad Vigente invitamos a contribuir escuchando y estando alerta sobre este delito, para que más personas se animen a denunciar sin ser juzgadas o agredidas, no solo para que pueda haber justicia desde los estrados judiciales, sino para que exista un repeche social ante quienes cometen este tipo de delitos, así de cierta manera poder dignificar a quienes son víctimas de la violencia sexual en los distintos conflictos.

[1] Según Sisma Mujer, la impunidad de la violencia sexual es del 95 %

[2] http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/informes/informes-2017/la-guerra-inscrita-en-el-cuerpo

[3] Reporte medicina legal

[4] https://www.sismamujer.org/wp-content/uploads/2018/05/Comunicado-25-de-mayo-de-2018_-Sisma-Mujer.pdf

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