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La ejecución extrajudicial de Aicardo Ortiz

Escrito por  el 
29 julio, 2011
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Aicardo tenía 58 años cuando soldados del Batallón Calibío decidieron “legalizarlo” como explosivista y extorsionista de la guerrilla.

 

Aicardo Antonio Ortiz Tobón o “el murciélago” como lo llamaban sus vecinos de la vereda El Javonal, en Puerto Matilde, Antioquía, era un campesino solitario que vivía en una casa en un árbol, y por eso mereció el particular apodo. En 2008, cuando fue víctima de ejecución arbitraria por parte del Batallón Calibío, llevaba 10 años separado de su esposa con quien tuvo 4 hijos y quienes para ese entonces ya se habían independizado.

Sin sus hijos y sin esposa, se convirtió en el personaje más colaborador de la comunidad, a los compadres los acompañaba al jornal y a las comadres les ayudaba en todos los favores que le pedían. Tras quedarse solo, dedicó sus días y esfuerzo al trabajo comunitario, era miembro activo de la Junta de Acción Comunal de Puerto Matilde y de la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra, ACVC.

En las asambleas y reuniones siempre intervenía incluso en 2007 participó en el campamento de Refugio Humanitario que se levantó en el nordeste antioqueño cuando miembros del Batallón Calibío de la Brigada 14 del Ejército Nacional, bajo el mando del teniente Castellanos, detuvieron y luego asesinaron al joven Carlos Mario García, de 22 años de edad.

En el Refugio Humanitario, Aicardo y los demás campesinos y campesinas allí reunidos exigieron al Gobierno y al Ejército de Colombia detener los asesinatos contra civiles en en Magdalena Medio, a la vez que expusieron la grave crisis humanitaria que estaba atravesando la región en ese momento, y lideraron una campaña que pedía “no nos sigan asesinando”.

Un año después, él mismo iba ser víctima de esa descontrolada crisis humanitaria, que tanto denunció. En esa época, al grupo armado al que más se le temía era al Ejército, pese a su legalidad, incurrían constantemente en violaciones al Derecho Internacional Humanitario (DIH) y entre los lugareños, y aunque no se hablaba de eso en los medios de comunicación a nivel nacional, ya se hablaba con horror de la práctica de lo que luego se conocería como “falsos positivos” y “ejecuciones extrajudiciales”.

En la madrugada del 8 de julio de 2008, militares del Batallón Calibío irrumpieron el sueño de Aicardo Antonio con tiros a quemarropa que acabaron con su vida, en su propia casa. Sin embargo, Aicardo fue presentado por el Batallón Calibío como un guerrillero muerto en combate, y de él se dijo que era un peligroso explosivista y extorsionista.

La historia detrás del asesinato de Aicardo Antonio: Falso positivo

La verdad sobre la muerte del líder campesino Aicardo Antonio Ortiz Tobón, es que no era ningún guerrillero y que su supuesto alias, “el murciélago”, no era otra cosa que el apodo que de cariño le tenían sus vecinos. Y que por alguna razón, tal vez su soledad, fue presa fácil de la estrategia de falsos positivos que se ejecutaba en la zona.

“Durante la noche del día 7 de julio, hubo una reunión con los Cabos del Ejército de apellidos Piñeres y Perdomo y el Teniente Maestre, escogieron a un personal para efectuar la misión táctica Mármol u Operación Majestad, donde se daría de baja a alias el Murciélago”, confesó el soldado Eduard Alejandro Castaño Bolaños, quien se acogió al principio de oportunidad y bajo la gravedad de juramento, en el Juzgado Primero Especializado de Medellín, dio un testimonio detallado de cómo se planeó y ejecutó el asesinato del campesino, durante una audiencia pública realizada en mayo de 2011.

En la muerte de Aicardo, se han relacionado 9 militares de estos 2 se acogieron al principio de oportunidad, 5 se encuentran en juicio, 1 está prófugo y otro aún no se le ha hecho imputación formal. Además de los militares, se investiga a un reinsertado, alias “el chamo”.

Testimonio

El soldado Eduard Alejandro Castaño Bolaños, y sus compañeros hacían parte del Batallón de Calibío dentro de la Unidad Contraguerrilla Aguerrido 3, en la Décima Brigada del Ejército ubicada en Puerto Berrío Magdalena.

En la audiencia el militar contó la forma en la que fue ejecutado en la madrugada del 8 de julio de 2008,el líder comunitario Aicardo Ortiz, y declaró en la audiencia que las órdenes fueron dadas desde los altos mandos de la Décima Brigada, por lo cual también incluye al ex comandante de su batallón, teniente coronel Wilson Ramirez Cedeño.

El día del crimen, la Unidad Aguerrido del ejército se encontraba en la base de San Francisco; unidad que estaba bajo el mando del Teniente Edgar Iván Maestre Flórez. Según contó el soldado en testimonio juramentado ante el Juzgado Primero Especializado de Medellín, él se encontraba de centinela cuando fue informado sobre la llegada de abastecimiento y con éste un dinero como gratitud por la liberación de la ex canditada presidencial Ingrid Betancourt, sobre el cual les indicaron que debían guardar una parte para pagarle a la contraguerrilla y así “legalizar a alguien y hacerlo pasar como subversivo muerto en combate”.

El dinero fue recaudado por el Teniente Maestre Flórez, el cual utilizaron para comprar un arma y hacer la “legalización” de la persona. El militar, que declaró como testigo, también reveló que en la reunión del 7 de julio les dijeron que el “Murciélago” era un individuo de alta peligrosidad. Según Castaño, la acción ilícita fue impartida y avalada por el jefe de operaciones el mayor Rodriguez.

En la misión también se involucró a Jonathan Alejandro, un civil contra el cual también se adelanta un proceso judicial por este caso, y de quien también se sabe trabajaba desde hace tiempo en inteligencia militar dentro del Batallón Calibío, persona sobre la cual Eduard Castaño afirma fue la que consiguió el revolver calibre 38 con el que se armaría la escena del crimen; al arma le fue borrada el serial.

Jonathan acompañó a los soldados al lugar donde estaba Aicardo; en la vereda el Jabonal entre los límites de Puerto Matilde y Yondó. Allí el teniente Flórez le dijo al soldado regular: “Usted es el que le va a dar”.

El montaje

El soldado Castaño contó que antes de llegar a la casa de Aicardo, los militares fabricaron un supuesto enfrentamiento contra la guerrilla, instalaron minas, campamentos de subversivos y arrojaron prendas de uso exclusivo del ejército por el terreno, luego dividieron el grupo en dos y se fueron con el Cabo Perdomo hasta encontrar la casa en el árbol, donde vivía Aicardo.

Dos de los militares tocaron la puerta del campesino, no había terminado de abrir cuando un soldado lo empujó de una patada y le disparó varias veces causándole la muerte.

Después sacaron el cuerpo para llevarlo al lugar del montaje, lo vistieron con prendas del ejército, le dotaron de un arma, dispararon con esta para hacer de cuenta de que él la había disparado y lo notificaron al Batallón de Calibío como una baja en combate.

La recompensa

Por dar de baja al “peligroso” Aicardo Tobón, toda la unidad de contraguerrilla recibió 15 días de licencia, incluso le otorgaron a dos soldados un viaje a la costa.

La abogada representante de las víctimas, Olga Silva, de Humanidad Vigente, señaló que con ese testimonio se prueba una más las irregularidades de las ejecuciones arbitrarias o mal llamados falsos positivos; pues según el testimonio de Eduard Castaño, esas prácticas eran aplicadas por algunos militares para obtener permisos y dar resultados.

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