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Arte para consolidar la democracia

Escrito por  el 
22 diciembre, 2017

Imagen tomada de: nodalcultura.am

Poco a poco las naciones del mundo han ido acogiendo la democracia como precepto político para articular la ciudadanía. Etimológicamente, la palabra democracia da a entender que el pueblo es el encargado de poseer y administrar el poder. Partiendo de esta idea, la responsabilidad que tiene cada uno de los integrantes de la sociedad democrática es fundamental para el desarrollo de cada individuo dentro de ella. Por esto es importante que, en un primer momento, precisemos la noción de democracia, según los principios establecidos por la filósofa norteamericana Martha Nussbaum, en el horizonte del liberalismo político que, según la autora, deberían alcanzar nuestras sociedades.    Dado que la filósofa  emplea gran parte de su tiempo en el estudio de las emociones, destacando la incidencia que tienen sobre el desarrollo del ser humano y la consolidación de democracias estables, en una segunda parte, analizaremos algunas emociones perjudiciales para el logro de este fin. En correspondencia con lo anterior, en la parte final estudiaremos las emociones que, desde el punto de vista de esta importante pensadora, favorecen la vida en democracia. 

 Democracia y liberalismo

Para el liberalismo la democracia es el modelo político que enarbola los ideales más importantes: dignidad humana, relaciones humanas recíprocas y respeto mutuo. La igualdad humana es el primer fundamento de la democracia. La igualdad debe entenderse como el valor que tiene cada individuo con respecto al otro independientemente de la raza, el sistema de creencias o la clase social a la que se pertenezca; por supuesto, mucho menos las capacidades físicas o morales de los individuos. La igualdad humana no implica que tenga que prohibirse y condenarse la diferencia, pues que todos los individuos tienen los mismos derechos y deberes, es decir que poseen el mismo número de libertades para desarrollarse.  El grado de desarrollo que alcance cada sujeto dependerá de la autonomía y el esfuerzo que le imprima a sus proyectos.

El siguiente principio del liberalismo se refiere al respeto mutuo que debe existir entre los miembros de la sociedad: ningún individuo puede pasar por encima de otro para conseguir sus objetivos, pues de ese modo estaría atentando contra sus derechos, y por ende reduciendo sus libertades. Partiendo de este punto, lo que le concierne al liberalismo es la imagen que cada ciudadano tiene del otro, pues el objetivo del respeto mutuo es fundar en el imaginario de cada persona que el otro no es un medio para alcanzar metas personales, por el contrario, debe ser considerado como un fin en sí mismo, con aspiraciones diferentes pero igual de importantes a las propias. Como decía Jaime Garzón:

Nadie puede llevar por encima de su corazón a nadie ni hacerle daño a su persona aunque piense y diga diferente (Traducción de los Wayúu al artículo 12 de la Constitución de 1991).

Sin embargo, el respeto social no es suficiente para que un individuo pueda desarrollarse plenamente, pues si el Estado no es capaz de brindarle a sus ciudadanos una buena calidad de vida, el respeto puede verse debilitado al igual que la dignidad de los miembros de la sociedad.

Dentro de esta concepción del liberalismo en las sociedades democráticas la religión también juega un papel crucial, pues ella puede constituirse en un punto de discordancia con respecto a las leyes políticas. El liberalismo debe promover una “religión universal”, en la que esta no se asuma como una religión imperante para todos, sino que se pueda encontrar en la multidiversidad de creencias ciertos principios generales, que fomenten los ideales de igualdad, libertad y fraternidad[1]. También se deben tener en cuenta los límites de la religión en la acción política,  pues en ningún caso las creencias religiosas pueden pasar por encima de las leyes ciudadanas. Además, la Constitución de la nación también tiene un compromiso de respeto frente a todas las religiones y sus ciudadanos, pues no podrá oficializar religión alguna que configure un orden social de aceptados y excluidos, ya que esto impediría la consolidación de una democracia verdadera. La “religión universal” debe evitar la confrontación y el odio religioso, para lo cual debe renunciar a su interés de hablar en términos de la verdad. 

Igualmente, es desafío del liberalismo la construcción y consolidación de los principios políticos que regirán a la nación. En primer lugar, ninguna nación puede construir sus principios políticos sobre ninguna doctrina comprehensiva particular del sentido y de la base de la vida[2]. Por doctrina comprehensiva entendemos un sistema complejo de creencias religiosas o políticas que representen un bien para una comunidad exclusiva.

 En segundo lugar, los principios políticos deben nacer de un consenso entre todos los ciudadanos que constituyan la nación, pues solo de este modo los sujetos se asumen como iguales y se comprometen con el acatamiento de los principios que se han establecido.

A pesar de que los desafíos del liberalismo parecen difíciles de alcanzar; Rawls, en el que se fundamenta la teoría de Nussbaum, elabora todo un mecanismo para conseguir su implementación. Aquí nos limitaremos a enunciar tres reglas que son esenciales para lograr los ideales del liberalismo político y la consolidación de la democracia:

*La primera regla estipula que los principios alcanzados en el consenso se limitarán a satisfacer los derechos políticos centrales de los individuos y la configuración estructural de la política. Es decir que las doctrinas comprehensivas existentes de la sociedad deberán estudiarse en un segundo filtro, de otro modo la posibilidad de llegar a un acuerdo se dificulta. Lo decisivo aquí es considerar los temas éticos con implicaciones fundamentales en materia de derechos políticos.

*La segunda regla rectifica que los principios alcanzados en el consenso  deben estar sustentados con argumentos poco profundos pues de otra forma la incidencia de tesis epistemológicas, metafísicas o religiosas provocarían controversias. Los argumentos que justifiquen cualquier principio no pueden estar adheridos a ningún tipo de creencia; serán erguidos sobre nociones éticas que resulten fundamentales para las doctrinas políticas. Uno de estos principios es la idea de respeto mutuo, pues es un derecho que satisface a todos y cada uno de los integrantes de la nación. Después de instaurar  estos principios se crearán leyes mucho más específicas, pues el liberalismo no pretende una sociedad sostenida bajo principios desprovistos de aspiraciones.

*La tercera regla estipula que el modelo político desarrollado por Rawls sólo resultará eficiente si la ciudadanía siente que las instituciones que los representan son completamente capaces, por lo tanto hay que unir al sujeto y la institución como una misma identidad. Y es aquí donde el trabajo de Martha complementa al de Rawls, pues ella sostiene que para que esa identidad singular se logre deben estimularse ciertas emociones.  Estas emociones no sólo ayudarán en la consecución de este objetivo, sino de todos los ideales que son claves para el liberalismo y la democracia. Sin embargo, también existe un conjunto de emociones que dificultan el proyecto de construcción democrática. Estas serán estudiadas en el siguiente subcapítulo.

Los enemigos de la democracia

Las emociones juegan un papel muy importante en las sociedades, pues los hombres interactúan por medio de ellas. Las razones por más coherentes e influyentes que puedan ser, no son equiparables con el poder que poseen las emociones para promover transformaciones tanto en el individuo como en un colectivo. Es por esta cualidad que  Martha Nussbaum resalta el valor de las emociones y sostiene que estas no son simples impulsos que nos hacen reaccionar, el valor de las emociones está suscrito a los procesos racionales del pensamiento de los individuos “Las emociones no son sólo el combustible que impulsa el mecanismo psicológico de una criatura racional, son parte, una parte considerablemente compleja y confusa, del propio raciocinio de esa criatura” (Nussbaum 2008: 23). En efecto, las emociones son el combustible de las acciones políticas, pues toda acción que se realice contiene cierto grado de emocionalidad, no obstante, es incoherente aislar a las emociones de la resolución de una acción política, pues considerarlas sólo como un simple acicate sería una contradicción obvia a la filosofía de Nussbaum. Es por esto que las emociones son una herramienta muy poderosa para movilizar una sociedad, sin embargo, la historia nos ha demostrado que hay emociones que pueden ser contraproducentes para una sociedad, como fue el caso del nacionalsocialismo en Alemania, donde se desarrolló toda una estrategia política para generar en los ciudadanos alemanes emociones de rechazo, como los son el asco y la repugnancia, hacia el pueblo judío. Por esto, es esencial reconocer cuáles son las emociones que atentan contra la democracia y el modelo social que aquí se está trabajando.

El Narcisismo, la vergüenza y el asco son emociones que dificultan la construcción de la democracia. Para Nussbaum el narcisismo es una emoción que surge en los primeros años de vida, pues el bebé siente que todo lo que lo rodea está en función de sus deseos “los bebés son ciertamente como la realeza, convencidos de que el mundo gira alrededor de ellos mismos y de sus necesidades” (Nussbaum 2016: 209). En la infancia es cuando el ego narcisista empieza a mermarse, pues el niño empieza desenvolverse en un entorno pequeño por su propia cuenta, y comprende que el mundo no está en función de él. Cuando los padres son sobreprotectores en esta etapa de la vida el niño no aprende a contrarrestar su narcisismo, pues es incapaz de actuar por sí mismo, ese exceso de atención potencia esta emoción en el niño y sus repercusiones se manifestarán en el futuro. Desde que nacemos los seres humanos nos encontramos en una situación desfavorable y desproporcionada (imperfectos), pues a pesar de que la demanda de conocimiento es muy alta, nuestras características físicas nos limitan demasiado para satisfacerla. Sin embargo, cuando crecemos nuestras capacidades físicas y psicológicas se ven desarrolladas y es aquí cuando el niño empieza a entender que las relaciones humanas son interdependientes, y que esta interdependencia se caracteriza por la necesidad y reciprocidad, entendiendo esta última como la herramienta para satisfacer las necesidades[3]. El problema en el narcisismo que afecta directamente la construcción democrática se refiere a la concepción de los otros como medios para alcanzar objetivos personales “De esa situación temprana de narcisismo nace y se desarrolla la tendencia a concebir a los demás como meros esclavos y no como individuos completos con sus propias necesidades e intereses” (Nussbaum 2016: 209). Esto ocurre porque el narcisista tiene una comprensión errónea acerca de la interdependencia, a pesar de que concibe que necesita de los demás para satisfacer sus deseos, no entiende que debe existir una reciprocidad entre él y los otros, lo que genera una dinámica de rey y esclavo.

La vergüenza funciona de manera similar, al igual que el narcisismo se manifiesta en las edades más tempranas, pero a diferencia, el que experimenta la vergüenza sí puede reconocer su imperfección, pues no se considera omnipotente. Cuando el sujeto siente vergüenza, entra en una lucha contra ella, creando estrategias para no aceptarla, como por ejemplo no exponerse en público; la vergüenza es una constante demanda de perfección en el ser humano, el sujeto que la experimenta se cohíbe de manifestarse sintiendo que al hacerlo expondrá su imperfección ante los otros. Esto significa un problema para la democracia, pues para Nussbaum todos los ciudadanos deben ser relatores en la construcción de sociedad, incluyendo a las minorías, por ende, una persona incapaz de manifestar sus preocupaciones o intereses dificultará el modelo de inclusión que el liberalismo político plantea.

Para Nussbaum el desarrollo del pensamiento crítico es fundamental para la consolidación de la democracia, entendiendo pensamiento crítico como: “La aptitud para reflexionar sobre las cuestiones políticas que afectan a la nación, analizarlas, examinarlas, argumentarlas y debatirlas sin deferencia alguna ante la autoridad o la tradición” (Nussbaum 2014: 48). Una sociedad crítica impedirá que las leyes se conviertan en dogmas, y permitirá movilizar las políticas hacia el perfeccionamiento de las mismas. Cuando las personas no controlan el crecimiento de las emociones anteriormente mencionadas, el desarrollo del pensamiento crítico se dificulta, pues la idea de perfección impide escuchar y considerar lo diferente; además, la incapacidad de manifestar los pensamientos impedirá hacer parte de la construcción política. Otra aptitud que se debe estimular en los ciudadanos es la empatía, pues permite entender y reflexionar acerca de la vida humana imaginando el mundo desde las perspectivas del otro. La incidencia de las emociones contraproducentes en el florecimiento de la empatía radica en la desvalorización de las ideas del otro. La tendencia a tener siempre la razón pone sobre el narcisista una venda que le impide dar valor suficiente a las experiencias del otro.

La repugnancia es uno de los enemigos más peligrosos de la democracia. La repugnancia tiene dos funcionamientos importantes en el ser humano. En primer lugar, surge como una respuesta biológica ante un objeto contaminante, es decir todo objeto que represente un peligro para la salud. Desde esta óptica se presenta como una emoción necesaria para el cuidado del hombre[4]. No obstante, está emoción se sale fácilmente de la esfera biológica hacia la esfera política, representando un peligro para uno de los principios más importantes del liberalismo político: la igualdad humana, “la patología de la repugnancia tiene como eje central la bifurcación del mundo entre lo “puro” y lo “impuro”; la constitución de un “nosotros” sin falla alguna y de un “ellos” con carácter contaminante, sucio y malo” (Nussbaum 2014: 61). La segunda guerra mundial, a pesar de la cantidad de vidas inocentes que cobró, dejó una importante enseñanza en las sociedades actuales acerca del peligro de las emociones. A través del establecimiento de una distinción entre lo puro y lo impuro, el nazismo logró suscitar en el imaginario de millones de personas la inferioridad del judío ante el alemán, deshumanizando al judío hasta rebajarlo a la posición de un animal. Para el alemán del siglo XX el judío era un objeto contaminante, y todo ente contaminante representa un peligro para la salubridad, por ende, concebir de este modo al pueblo judío justificaba su aniquilamiento. Es evidente que la repugnancia genera una división social que atenta contra la igualdad humana. Cuando un grupo personas es estigmatizado, ya sea por su raza, religión o clase social, se inicia una dinámica de superior e inferior, y de este modo la aptitud de reconocer a los otros como sujetos de derecho iguales a uno contemplándolos como fines y no como medios se desvanece.

Arte, emociones y democracia

Para finalizar,  resaltaremos el potencial que tiene el arte para suscitar emociones que promuevan la vida en democracia. Es importante destacar que el arte no sólo genera emociones positivas, sino que funciona al mismo tiempo como una terapia que va reduciendo la fuerza de las emociones negativas hasta el punto de eliminarlas. En una entrevista que realiza un medio de comunicación español, Nussbaum expresa esta idea del siguiente modo: “Creo que el ingrediente más importante para la salud de la democracia es la educación de la ciudadanía, una educación con un fuerte contenido humanístico (…) Tenemos que cultivar la imaginación de los jóvenes para que sean capaces de ver el mundo desde el punto de vista de alguien distinto a ellos mismos”

La expresión artística es la conexión entre emoción e idea, pues requiere de una apertura sensorial al entorno, y al mismo tiempo de una  interpretación del mismo. Se manifiesta por medio de las capacidades físicas y mentales del hombre. Por ejemplo, la danza Butoh[5] está dirigida al interior del ser, invita a ensimismarse. El encuentro consigo mismo es el motor del movimiento. Es el momento de la meditación el que se pone en el escenario; el espacio en el que nace la acción se encuentra dentro del ser danzante, prevalece la constante relación entre mente-alma-cuerpo en un desarrollo cíclico meditativo y expresivo. El cuerpo es el límite de la expresión, así que hasta donde el cuerpo sea capaz de expresar,  permitirá al bailarín llegar a la sensación, a la idea y a la emoción. Tras haber estudiado la metodología pedagógica de Tagore[6], Nussbaum reconoció el potencial que tiene la danza en el proceso de contrarrestar la vergüenza. Para Tagore la vergüenza se manifiesta físicamente en la rigidez del cuerpo, y la danza es el encuentro y la aceptación de uno mismo. El reconocerse a uno mismo es para Tagore un paso esencial para desarrollar la compasión, esa emoción que nos permite situarnos en la realidad del –otro-, y comprender que al igual que nosotros también son seres humanos con pensamientos, anhelos y sentimientos propios: “A su entender, las artes estimulaban el cultivo del propio mundo interior, pero también la sensibilidad ante los otros, dos rasgos que por lo general se desarrollan en tándem, ya que difícilmente se puede apreciar en el otro lo que no hemos explorado en nuestro propio interior” (Nussbaum 2014: 141).

Las dramatizaciones también son una expresión artística con un potencial enorme a la hora de tratar las emociones. El hecho de personificar a otro sujeto, con creencias, ideas y emociones distintas, permite expandir la compasión, ubicándose a uno mismo en los zapatos del otro, en su forma de percibir y comprender el mundo. Es claro que el teatro moviliza la empatía con el prójimo. Una de sus características más importantes, es que cuando se incita a un infante a representar una obra de teatro y ubicarse por un momento en el lugar del otro, el narcisismo se destruye, pues comprende mediante la vivencia que el otro también es una entidad amplia y profunda, que merece todo el respeto y reconocimiento. De igual forma, esta personificación ajena permite entender lo que siente alguien cuando es agredido; el cine nos ha permitido sentir el dolor y el sufrimiento que tuvo que soportar el pueblo judío durante el holocausto, provocando  tanto en el actor como en el espectador una posición de rechazo frente a las ignominias cometidas a un ser humano. Además nos hace comprender la peligrosa y eficaz herramienta que puede llegar a ser el asco cuando se dirige a un grupo específico de personas.

Se puede seguir profundizando y especificando la utilidad del arte en el cultivo de las emociones, no obstante lo que me concierne es exponer con claridad el enorme potencial que las expresiones artísticas tienen para cambiar el imaginario del hombre engendrando principios de respeto, libertad, igualdad y fraternidad, y es gracias a la consolidación de estos principios que la democracia puede alzarse impetuosamente ante los hombres.

 

Bibliografía

Nussbaum, Martha Craven, Trad, Maria Victoria Rodil. Sin Fines De Lucro Por Qué La Democracia Necesita De Las Humanidades. Buenos Aires (Argentina), Editorial Katz, 2014,.

Nussbaum, Martha Craven. Paisajes Del Pensamiento. Barcelona, Paidós, 2008,.

Nussbaum, Martha Craven, and Albino Santos Mosquera. Las Emociones Políticas. Bogotá (Colombia), Editorial Paidós, 2016,.

 

[1]En palabras de Nussbaum: “Tagore no se oponía tanto a las religiones existentes y llegó a insinuar, incluso, que todas ellas podrían participar juntas del espíritu de la religión de la humanidad a través de la cooperación y de la introducción de reformas solamente parciales” (Nussbaum 2016: 157).

[2] “La igualdad de respeto a todos los ciudadanos requiere que una nación no construya sus principios políticos sobre ninguna doctrina comprehensiva particular (religiosa o laica) del sentido y la base de la vida” (Nussbaum 2016: 159)

[3] Véase Nussbam (2017, pags. 210 – 211)

[4] Los seres humanos sentimos repugnancia ante agentes contaminantes como pueden ser los hongos, las heces, los alimentos en descomposición, entre otros. Desde esta lógica la repugnancia es un mecanismo de defensa biológico-psicológico que nos aleja de agentes patógenos que atentan  contra nuestro bienestar.

[5] La danza Butoh es una expresión artística de origen japonesa en la que se propone un diálogo íntimo en el bailarín, en el que se exteriorizan sentimientos y sensaciones como el dolor, la agonía, el miedo, la soledad, el abandono. La danza Butoh nace como una vanguardia artística después de la segunda guerra mundial donde las sensaciones y emociones que convergen en el desasosiego adquieren protagonismo.

[6] Me refiero al modelo pedagógico que utilizó en la escuela experimental “Santiniketon” (morada de paz), donde el desarrollo de la imaginación en los niños era más importante que la acumulación de los conceptos que enseñaban las escuelas tradicionales. Para lograr este objetivo Tagore usó el arte como herramienta para desarrollar y fortalecer los procesos creativos.

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